viernes, 10 de octubre de 2008

La sonrisa de Manuel


Por Francisco Ortí.-

Manuel no suele sonreír. La vida no le ha muchos motivos para hacerlo. De ascendencia caboverdiana, es el menor de cinco hermanos y vivió una infancia complicada de la que no le gusta hablar. A lo largo de los años el balón había sido una de sus pocas fuentes de alegría y últimamente se había secado.

Con el balón en los pies, Manuel estaba considerado como uno de los mejores proyectos de futbolistas de una cantera tan prolífica como la portuguesa. Muy joven, José Antonio Camacho le hizo debutar en el primer equipo del Benfica y ya por entonces sorprendía el desabrido rostro de Manuel, serio e imperturbable, completamente opuesta a la alegría que dibujaban sus pies al entrar en contacto con el balón.

“No sonrío sobre el terreno de juego para intimidar a mis rivales”, explicaba un imberbe Manuel Fernandes. Con la acumulación de partidos y la llegada de algún gol de bella factura, comenzó a hacerse un cartel de gran promesa que le deparó un aluvión de ofertas de clubes europeos. Fue apodado como `Manuelele´ por su saber estar en el centro del campo y tenía ante sí un prometedor futuro.

Decidió emigrar a una liga de mayor repercusión, en parte buscando crecer como futbolista, pero también alejándose de Ronald Koeman, quien se había hecho cargo del banquillo lisboeta. Eligió la Premier League. Allí las lesiones y algunos esbozos de conducta problemática lejos del césped le impidieron deleitar a las islas con la camiseta del Portsmouth, aunque sí tuvo mejor éxito defendiendo los colores del Everton.

Su buen trabajo a orillas del Mersey y, sobre todo, el cartel ganado cuando jugaba en el Benfica, le valieron en el verano del 2007 para recalar en el Valencia, un club por entonces desesperado por contratar un mediocentro después de fracasar hasta en seis operaciones anteriores.

Pese a tratarse del plan F, el Valencia pagó 18 millones de euros por Manuel Fernandes, una cantidad que viciaría los primeros meses del luso en Mestalla. La hambrienta afición ché le esperaba con ansias de gloria, pero el luso no termino de convencer. Parte de culpa la tuvo Quique Flores, quien le probó reiteradamente como interior izquierdo al mismo tiene que buscaba un lugar al que mandar cedido al descartado Juan Mata.

El reencuentro con Ronald Koeman y un truculento altercado en una conocida discoteca de la ciudad del Turia terminaron de firmar la sentencia de muerte de la primera etapa en el Valencia de un Manuel Fernandes que se vio obligado a emigrar de nuevo al Everton.

Tras un semblante serio y apariencia adusta un cabizbajo Manuel regresó a Valencia el pasado verano. El paisaje era bien distinto. Ya no estaba Juan Soler, ni Ronald Koeman, pero sí un Unai Emery que le mostró desde el primer momento su confianza en él. “En cuanto llegué me dijo que iba a contar conmigo. Esa afirmación provocó que me diera cuenta de que tenía que hacerlo bien. Supe que no le podía fallar a Unai”, relata, agradecido, Manuel Fernandes.

Ese estimulo supuso el inicio de la conversión de Manuel. El luso comenzó a gozar de minutos en el centro del campo del Valencia y sincronizó con todas las parejas de baile que le asignaron. Cuando le tocó jugar junto a Albelda asumió mayor responsabilidad ofensiva, todo lo contrario que cuando formaba pareja con Edu.

En el genial comienzo de temporada del Valencia, Manuel ha sido el ausente omnipresente. No estaba nunca, pero a la vez estaba siempre. Villa y Mata se llevaban los elogios y las portadas, pero el trabajo de joven centrocampista siempre había sido clave en cada una de las victorias.

Con el paso de los partidos ha ido ganando presencia y responsabilidad. Es protagonista en las acciones a balón parado, y, aunque todavía tiene que mejorar como él mismo reconoce, atraviesa por su mejor momento deportivo.

Su confirmación llegó la pasada semana. Ante el Marítimo fue el mejor, y ante el Valladolid decisivo. Un disparo suyo desde la frontal, algo que está decidido a hacer con mayor asiduidad, se convirtió en tres puntos para el Valencia. En ese momento, justo después del gol, algo sucedió en el inmutable rostro de Manuel. Apareció, por fin, una sonrisa. “Ahora soy feliz”, declaró tras el partido.

Un poeta, cuyo nombre no consigo recordar, escribió que había que juzgar a las personas por el comportamiento que habían tenido desde el momento en el que las conocimos y no por los hechos más recientes. Pese a ello, hay que saber una frontera con el pasado cuando es necesario y mirar al futuro con una sonrisa. Manuel ya lo ha hecho.
Foto: ValenciaCF.es

jueves, 2 de octubre de 2008

Mala imagen (2-1)


Por Francisco Ortí.-

Valencia-Marítimo (2-1)

Del Horno evitó el bochorno en Mestalla. Unai Emery se equivocó jugando con experimentos en la alineación y el Valencia sufrió de lo lindo para imponerse a un débil Marítimo. El lateral izquierdo y Villa salvaron los muebles a última hora, pero los ché dejan una mala imagen.

Unai Emery había mandado durante la semana un mensaje avisando de que la eliminatoria no estaba resuelta y que no había que confiarse. Al parecer ese mensaje debió olvidarlo inmediatamente después de abandonar la sala de prensa de Paterna porque lo que puso sobre el terreno de juego no fue un once con que el que demostrara que no se fiaba del Marítimo.

Con Maduro como lateral derecho, Viana de enganche y un ex jugador como Iván Helguera en el centro de la zaga, el Valencia volvió al pasado y disputó uno de los clásicos bolos veraniegos.
El problema era que ni estamos en pretemporada ni el partido era amistoso. Se trataba de toda una eliminatoria de la Copa de la UEFA, con un rival como el Marítimo que no era un derroche de calidad técnica, pero sí de ilusión y fe.

Pese a el estrambótico dibujo táctico el Valencia dominó los primeros compases del encuentro y llegó a disfrutar de un par de ocasiones aisladas en las que obligaron a estirar a Marcos, portero rival. Sin embargo, con el paso de los minutos los ché bajaron los brazos, pensando que tenían ante sí una tranquila noche de mediados de agosto.

Y de noche tranquila nada de nada. El Marítimo, viendo que el Valencia no era tan fiero como lo pintaban, comenzó a creer en sus posibilidades. Primero avisó con un disparo de Djalma, luego otro de Bruno, y finalmente, al filo del descanso, Marcinho castigó la desidia valencianista con un gol soberbio, batiendo a Guaita por alto picando el balón con el exterior.

El gol de Marcinho despertó a los jugadores ché, que se bronceaban a la luna de Valencia, pero la reacción tuvo que esperar a la segunda mitad. Emery no tardó en mover ficha y dio entrada a David Villa, en lugar de Helguera, quien se marchó pitado por la grada de Mestalla, y a Mata por un tocado Vicente.

La segunda mitad fue un monólogo valencianista. Los ché monopolizaron el balón, ante un Marítimo que acumulaba cada vez más hombres atrás. Pese a todo, este dominio no se tradujo en ocasiones de gol y el dúo salvador de esta temporada, el que forman Villa y Mata, apenas apareció.

La prórroga ya se notaba en el ambiente y se multiplicaban los comentarios tipo "nos van hacer estar aquí hasta mañana", Del Horno metió la cabeza. El lateral izquierdo sorprendió con una de sus habituales llegadas y cabeceó el balón a la red para meter al Valencia en la próxima ronda de la Copa UEFA.

Emery confió en Asier del Horno el pasado verano y el lateral izquierdo se lo ha agradecido evitando al técnico que se quemara con sus propios experimentos de química.
En los minutos finales, el árbitro se inventó un penalti a favor del Valencia que David Villa se encargó de materializar. El Valencia está en la fase de grupos, pero Emery encaja su primer rasguño como entrenador ché.

Foto: ValenciaCF.es

miércoles, 1 de octubre de 2008

El Liverpool supera a un desarmado PSV


Por Francisco Ortí.-

Liverpool-PSV (3-1)


Con poca fluidez en el juego, pero con una presión asfixiante el Liverpool pasó por encima de un PSV que se desmontó a las primeras de cambio. Los tres puntos acercan a los Reds a los octavos de final de la Champions.

El PSV, desarmado por la ausencia de su líder Afellay, decidió esconderse detrás de una trinchera defensiva que no fue tan fuerte como para resistir durante noventa minutos, de hecho no aguantó en pie ni cinco minutos. Y es que ese fue el tiempo que necesitó el Liverpool para dejar claro que en Anfield ese tipo de actitudes se pagan caras.

A los cuatro minutos, los Reds se adelantaron tras un saque de esquina que Dirk Kuyt envió a la red después de que Fernando Torres errara en primera instancia su remate. El tanto evidenció las lagunas defensivas de un conjunto holandés, que sin embargo, había jugado sus cartas a favor de estar serios en defensa.

Ni el tanto del Liverpool ni los visibles problemas para defender de los tulipanes provocaron que Huub Stevens se replanteara su plan inicial. El PSV no cambió de rostro y continuó atacando con Amrabat como única, aunque activa, arma ofensiva.

El Liverpool no vivió una de sus noches más lúcidas, pero lo suplió con entrega y unos niveles de adrenalina más altos. Steven Gerrard estuvo impreciso y no fue el de las grandes citas, y la responsabilidad de generar peligro recayó sobre las veloces botas de Fernando Torres, Dirk Kuyt y Robbie Keane.

El trío de sprinters no decepcionó y a los 34 minutos sembró el caos en el flanco derecho de la zaga holandesa, para que el español acabara sacando un centro que Robbie Keane mandó a la red. El nuevo Red lo celebró con rabia y no era para menos puesto que significaba su primer gol con la camiseta del Liverpool.

En la segunda mitad, los registros del partido no variaron. La posesión siguió favoreciendo al Liverpool y la defensa del PSV continuó facilitando las cosas a los delanteros Reds, aunque estos, especialmente Fernando Torres, no hicieron sangre.

Quien no perdonó fue Steven Gerrard. El capitán del Liverpool no estuvo cómodo con el balón en los pies a lo largo de toda la noche, pero nunca le hace ascos a un buen zapatazo, y así encontró el camino ideal para firmar el 3-0.

Ante la abultada goleada, Stevens por fin se decidió a introducir sobre el terreno de juego a un compañero de juegos en la delantera para Amrabat. Con la entrada de Koevermans el PSV mejoró y recortó distancias con un tanto del potente delantero, aunque ya era demasiado tarde como para pensar en algo más que maquillar el marcador.

A la postre, tres puntos fáciles para el Liverpool que camina con firmeza hacia los octavos de final de la Liga de Campeones. Todo lo contrario que el PSV, quien debe comenzar en la tercera plaza del grupo como un objetivo con el que soñar.

La ficha del partido al completo:

martes, 30 de septiembre de 2008

Schmeichel, inseminador porcino


Por Francisco Ortí.-

Peter Schmeichel ha vivido una carrera deportiva repleta de éxitos. Ha ganado la Premier League, la Copa de Europa y hasta la Eurocopa, y todo ello sin marcharse su impecables calzas blancas.

El guardameta danés lideraba la primera hornada de futbolistas metrosexuales que posteriormente David Beckham se encargó de llevar a los altares del marketing y el papel couché. Podía jugar en un Villa Park enfangado, atajar todo lo que se acercara entre sus tres palos y luego abandonar el terreno de juego tan limpio como antes del terreno de juego. Esas calzas blancas, siempre blancas, eran todo un misterio.

Tras su retirada, esas impolutas calzas ya no lo están tanto. Al menos no debería estarlo a tenor de las actividades a las que se dedica ahora el bueno de Schmeichel. Inseminador de cerdos, limpiador de cloacas o buscador de objetos en vertederos son algunas de las labores a las que está entregado actualmente el portero danés.

No se alarmen, que ya veo a más de uno llevándose las manos a la cabeza, o a enjabonárselas al sentir en sus carnes dichos oficios. No es que Schmeichel se haya vuelto loco, si no que estos trabajos forman parte de un programada de Discovery Channel en el que participará.

El portero danés se recorrerá toda Europa acompañado por un equipo de televisión de la prestigiosa cadena visitando lugares tan saludables como las minas de carbón de Polonia, o dedicándose a cuidar anguilas. No contento con esto, el danés deberá enfundarse de nuevo los guantes, aunque esta vez unos de plástico, para ejercer de taxidermista.

Espero que tras conocer el presente del ex portero del Manchester United, Iker Casillas se piense dos veces el colgar los guantes.

domingo, 21 de septiembre de 2008

El Inter arrolla en primera marcha (1-3)



Torino-Inter (1-3)


José Mourinho continúa ajustando las tuercas a su máquina nerazzurra y mientras tanto recopila victoria tras victoria. El mastodóntico e hipermusculado Inter de Milán pasó por encima de un anodino Torino sin apenas darse cuenta.

Los interistas saltaron al terreno de juego con la tranquilidad del que se sabe superior. Tocaron con el balón con calma, casi desidía, conscientes de que tarde o temprano llegaría una ocasión y con nombres como Ibrahimovic, Adriano o Mancini lo normal es que acabara en el fondo de la portería.

A nadie le sorprendió que así fuera, aunque no fue una de las superestrellas interistas quien logró el gol, si no el lateral izquierdo del Torino Pisano. Tras un error de marcaje, el defensa dejó recibir solo a Mancini y luego redondeó la desafortunada jugada desviando al interior de la red el centro del interior brasileño.

En 21 minutos y sin despeinarse, el Inter ya se había adelantado en el marcador. El segundo zaparzo llegó también desde la banda derecha del Inter, aunque no por un error de los turineses, sino por una bestial genialidad de Maicon. El lateral diestro emuló simétricamente al mejor Roberto Carlos y soltó un misil con tres dedos desde el pico del área para que el balón entrara con violencia por la escuadra contraria.

La acción individual de Maicon dejó totalmente sentenciado el encuentro y dejó patente que Mourinho va por buen camino. Cuando los grandes ganan practicamente sin quererlo, por inercia, es cuando hay que empezar a temerles.

La segunda parte transcurrió por los mismos derroteros que la primera. Al Torino sólo le quedaba más que rezar para que no le cayera una goleada de escándalo. No le sirvió para mucho porque Ibrahimovic anotó el tercero nada más comenzar la primera mitad, aunque Abbruscato logró el gol del honor para los turineses faltando 14 minutos para el final.

sábado, 20 de septiembre de 2008

La Roma vence sin convencer (3-0)


Roma-Reggina (3-0)

La Roma sale de su letargo, aunque sin convencer. Los romanos regresaron a la senda de la victoria imponiéndose por 2-0 ante la Reggina en un partido frío en el que los visitantes concedieron demasiadas facilidades.

Los de Spalletti, que estuvieron desdibujados e imprecisos, poco recordaron a la Roma de las mejores épocas y evidenciaron que su crisis es más profunda de lo que parece. Pese a todo, los romanos lograron imponerse en el juego, aunque estuvieron atascados en los metros finales.

Con el paso de los minutos la Roma comenzó a hundirse viendo que el gol no terminaba de llegar. En el Olímpico reaparecían los fantasmas del Cluj, pero cuando peor pintaban las cosas apareció el de siempre, Christian Panucci, para adelantar a los romanos con una de sus clásicas llegadas oportunistas.

La Roma no mejoró su imagen tampoco en la segunda mitad, sin embargo la Reggina estaba entregada y Aquilani la remató con un zurdazo por la escuadra después de un sprint desde el medio del campo a los 51 minutos. En los minutos finales Perrotta amplió la cuenta al aprovechar un rechace del meta rival.

Con este resultado, la Roma estrena su casillero de victorias y inicia la escalada hacia los puestos nobles de la clasificación.

jueves, 18 de septiembre de 2008

Un gol entre el barrizal (0-1)

Por Francisco Ortí.-

Marítimo-Valencia (0-1)

Pese al impracticable barro, la intensa lluvia y las lagunas mentales de Iván Helguera el Valencia ha comenzado con buen pie su andadura en la Copa de la UEFA. Las condiciones climatológicas no invitaban a la práctica del fútbol y el Valencia completó un encuentro muy práctico, con pocos alardes, pero muy efectivo.

Unai Emery estuvo listo en los momentos previos al encuentro y viró sus planes iniciales para plantear un fútbol diferente al que quiere para su Valencia, pero ideal para el estado del terreno de juego. Consciente de que las circunstancias no eran las ideales para jugadores como Mata, Joaquín o Villa, el técnico ché buscó un mayor potencial aéreo con la entrada de Zigic y Morientes.

La apuesta pronto le deparó beneficios al conjunto ché. En la primera ocasión que tuvo llegó el gol. A los 12 minutos, Fernando Morientes recibió el balón en el interior del área y tras dejar sentado a su marcador con un fino regate batió al portero rival con el exterior. Un gol de Killer.

El tanto ché no derrumbó los ánimos del Marítimo. Los portugueses saltaron al terreno de juego dispuestos a plantar batalla y se impusieron a trompicones y con poca claridad. Su ímpetu fue su mejor virtud, aunque no logró crear ocasiones claras de gol de no ser por la inesperada colaboración de Iván Helguera.

El cántabro completó un mal partido, mostrándose muy fuera de forma y concediendo demasiadas facilidades a unos jugadores lusos que pecaron de ingenuidad y no se terminaron de creer que podían hacer daño al Valencia. Helguera incluso pudo ser expulsado cuando agarró a Moutinho tras su enésimo error en la entrega, pero el árbitro no le vio.

En la segunda mitad, el Valencia comenzó ofreciendo mejor imagen y llegando con facilidad al área rival, pero pronto volvieron a imponerse los mayores niveles de adrenalina de los portugueses.

Los ché se relajaron y permitieron al Marítimo soñar con la remontada. Tanto fue así que Marcinho llegó a estrellar un balón un tiro libre contra la madera y posteriormente Guilherme remató libre de marca en el interior del área, aunque con escasa puntería.

Estas dos ocasiones despertaron al Valencia de su letargo. Los de Emery se dieron cuenta de que el trabajo todavía no estaba hecho y las entradas de Villa y Mata terminaron de reactivar el equipo.

Pese a la mejoría del Valencia en los últimos minutos el marcador no se volvería a mover. Tanto Angulo como David Villa dispusieron de claras ocasiones para sentenciar la eliminatoria, pero no estuvieron finos. Lo mejor, sin duda, el marcador y escapar sanos y salvos del barrizal.